Hola, te saluda y te bendice Jorge Malerva desde Ventana Virtual Cristiana Radio… la Señal que edifica tu vida.

En alguna ocasión escuché la frase no hay más cristianos en el mundo, porque la gente no ha conocido un cristiano o porque ya conoció a un cristiano, la primera parte de la frase se me hacía lógica, es muy natural que no haya mas cristianos si la gente no tiene cerca a alguien que le hable del evangelio, pero la segunda parte me parecía ilógica porque si ya conocieron a un cristiano, como es que no quieren ser cristianos, y mi respuesta al igual que la tuya fue, seguramente aun no son los tiempos del Señor para esa persona.

Pero no, no del todo es así, porque muchas veces a las personas que le predicamos el evangelio no aceptan al Señor como su Salvador porque ven nuestra conducta, nuestra forma de hablar, nuestra forma de ser, e internamente se dicen: si eso es ser cristiano, prefiero seguir como estoy.

Hoy en día hay mucha gente predicando el evangelio, mucha gente llamando a otras al arrepentimiento, mucha gente hablando de Cristo, pero es solo eso hablar de Cristo, y los inconversos ya no quieren que se le hable de Cristo, quieren ver a Cristo reflejados en nuestras vidas, quieren palpar los cambios que tanto hablas que Dios puede hacer en sus vidas que ya han sido hecho en la nuestra o que al menos estamos en el proceso.

Muy pocos compran un producto sin estar seguros que cumple con las características que ofrece, por ejemplo, he visto personas que venden productos para bajar de peso, y te aseguran la efectividad del mismo, incluso el envase del producto tiene certificaciones internaciones, pero ves a la persona que lo vende con sobrepeso, entonces, todo lo que digan y todas les certificaciones impresas pasan a ser insignificantes porque lo que ves no coincide con lo que te dicen.

Lo mismo pasa con el evangelio, podemos hablar muy bien de el, podemos presentarlo a cuanta persona tengamos enfrente, podemos decir que cambia las vidas, y todo eso es cierto, pero si no es palpable en la nuestra, podemos crear decepción en quien lo escucha o en el recién convertido.

Eres pastor, líder o predicador, o un hermano en Cristo, entonces debemos cuidar nuestra conducta en todo momento, ya no podemos darnos permiso de conducirnos de igual manera que antes de conocer al Señor.

Todo debemos someterlo al Señor en obediencia, para no hablar de un evangelio y que nuestra forma de ser anule la palabra que hablamos.

Como dice la palabra de Dios en

Mat 18:6-7  Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.  (7)  ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!

 

Pequeños viene del Griego mikrós que significa pequeño en edad, en cantidad o en crecimiento, y tropiezo bien de skándalon que significa trampa, causa de desagrado o pecado, entonces muy bien lo podemos aplicar de la siguiente manera.

Y cualquiera que engañe, decepcione o haga cometer pecado a alguno de estos recién convertidos que creen en mí, mejor del fuera colgarse al cuello una piedra de molino de asno, y que se hundiese en el fondo del mar.

¿Impresionante? Si… muy impresionante lo que nos dice el Señor en este versículo, no solo se trata de que la persona que vio actitudes tuyas y se decepcionó de ti y de lo que hablas se apartó del evangelio, y te justifiques diciendo que es ella muy delicada, que no eres perfecto, que estas en un proceso y que al igual que todos algún día cambiarás, no es tan solo eso, tenemos una gran responsabilidad delante de Dios por cada persona decepcionada por nuestro proceder.

Ninguna excusa o justificación tendrá validez ante Dios, tal vez no somos del todo consientes del daño que estamos causando a los nuevos creyentes con nuestra forma de ser, pidamos al Señor como David en el salmo

Sal 139:23  Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos;

 

Necesitamos estar muy alertas de cada palabra que salga de nuestra boca, de cada actitud nuestra, porque ahora no solo estamos mostrando a los demás nuestra persona, sino la obra de Cristo en nosotros.

 

Examinemos nuestras vidas pero no con los estándares comunes, sino desde la perspectiva del Señor y si nuestra actitud o conducta ha causado decepción, dolor o pecado en otras personas tengamos la humildad de pedir perdón primeramente a Dios y luego a la persona afectada.

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